Los amantes de viajar, de la naturaleza y en especial del mar, siempre buscamos destinos tranquilos, exóticos, que nos brinde una experiencia digna de recordar y sobre todo de recomendar a nuestros amigos. Isla Fuerte, un pedazo de tierra incrustado en el mar del Caribe colombiano, que reúne todas estas condiciones.
Esta bella isla, hace parte del Archipiélago de las Islas del Rosario de Colombia, es quizás la más apartada de este conglomerado de puntitos del mar, pero no por ello la menos importante. Para llegar hasta allí, lo puedes hacer por avión hasta Montería, allí tomar un taxi por la vía Cereté, Lorica, San Bernardo del Viento, hasta el pequeño puerto llamado Paso Nuevo, este recorrido será aproximadamente de dos horas. En este lugar, tomas una lancha, que puedes contratar como expreso o embarcarte en uno de los colectivos marítimos que viaja con frecuencia hacia la Isla, el recorrido por el mar es de 20 minutos. O si viajas en bus, llegas hasta Lorica, allí tomas un colectivo hasta Paso Nuevo, este recorrido terrestre es de 30 minutos. Si quieres llevar tu carro, llegas hasta Paso Nuevo, allí lo guardas en un parqueadero cubierto y seguro. La carretera está totalmente pavimentada, así que no tendrás problema con tu auto.
Isla Fuerte tiene una área de 4.7 kilómetros cuadrados, cuenta con varios hospedajes y un cómodo centro de buceo que también te brinda alojamiento, alimentación y el transporte marítimo. En la topografía de la isla encontramos una vasta vegetación de arboles milenarios, frondosos, de gran tamaño, playas de arena blanca, aguas cristalinas y coloridos paisajes submarinos llenos de fauna y corales. Los nativos, son personas alegres, tranquilas y hospitalarias, asentadas en un pequeño caserío Llamado Puerto Limón, el cual cuenta con, un centro de salud bien dotado, planta eléctrica, telefonía e internet.
Entre las muchas actividades que puedes hacer a parte del buceo, son las caminatas ecológicas por hermosos senderos, paseos en burro al pueblo, al faro, a playa Juanita, al Puerto, entre otros. Realizar deportes náuticos como kayak, surf, windsurf y pesca con anzuelo. O si lo prefieres, simplemente descansar en una deliciosa hamaca, con el arrullo del sonido del mar.
Isla Fuerte me hace sentir feliz, me da paz y sobre todo deseos de volver, en el momento de partir, hago un pacto en el interior de mi corazón de regresar, como una especie de promesa tácita entre la isla y yo.
Por: JUAN GOSSAÍN periodista Colombiano/ CARTAGENA DE INDIAS | Diciembre del 2010. Publicado en el periodico El Tiempo.
El alcatraz que vuela entre mis sueños lleva en su enorme pico una quimera... (Walt Whitman, Hojas de hierba).
Una mañana de mayo pasado, los viejos madrugadores del pueblo de Marytown, perdido en las costas que bordean el sudeste de los Estados Unidos, se levantaron como todos los días a echarles unas migajas de pan a los pájaros marinos que merodean con mansedumbre por los patios y que se han ido convirtiendo en sus amigos.
Lo que vieron los dejó espantados: las gaviotas de cabeza negra, que son tan bellas, también tenían negro el plumaje. Del pico les goteaba una mancha babosa. No podían levantar el vuelo de la arena, con las patas hundidas en una masa de chapapote pastoso, como el asfalto cuando se derrite. Una de las gaviotas miró a la gente pidiendo ayuda.
Según cuentan los testigos, más allá de la playa, cerca del río, tres garzas morenas habían muerto con los ojos despepitados. El guiso espantoso que navegaba corriente abajo, matando todo lo que se le atravesara, era la mezcolanza de petróleo crudo de la empresa British, que cayó pocos días antes a las aguas del Golfo de México.
A esa misma hora los alcatraces de la bahía de Santa Marta, al norte de Colombia, desayunaban su ración cotidiana de buñuelos de carbón. El periodista Antonio José Caballero, grabadora en mano, esperaba en la playa el regreso de los pescadores que habían salido a trabajar temprano. Mientras aguardaba, la cámara de su teléfono celular retrató la pala enorme de un barco carbonero que arrojaba al mar el polvo negro que sobró en las bodegas.
A esa misma hora, en las playas legendarias de Juanchaco y Ladrilleros, cerca de Buenaventura, los lancheros de cabotaje que llevan carga y pasajeros por los pueblos que se arraciman en las orillas del Pacífico limpiaban sus motores preparándose para un nuevo día de trabajo. Como si fuera la cosa más natural del mundo, arrojaban al mar el contenido de unos tanques repletos de residuos de gasolina, queroseno y diésel. Un langostino magnífico, que medía un jeme, iniciaba el día tomándose su primera taza de combustible. Cuando vi la fotografía en El País de Cali me dieron ganas de echarme a llorar.
A esa misma hora, en la zona industrial de Cartagena de Indias, abierta sobre la bahía del Caribe resplandeciente, los trabajadores de una compañía empacadora se sentaron a desayunar en los comedores de su empresa. En ese momento volvieron a ver, como venía sucediendo en las mañanas más recientes, que una nata de tizne cubría la superficie del café con leche, y que una mermelada negra, tan semejante al betún de limpiar zapatos, se había pegado al pan y al queso blanco.
Entonces, no aguantaron más. Se levantaron todos, sin que nadie los hubiera convocado, y comenzaron a golpear los platos contra los mesones. La algarabía se oyó en media ciudad. Las autoridades ambientales ordenaron el cierre de un muelle vecino, que se dedica a cargar carbón a cielo raso, sin mayores precauciones ni cuidados, sin tubos cerrados ni conductores protegidos. Seis días después el muelle fue reabierto.
A esa misma hora, en la región acuática de La Mojana, que cubre un gigantesco territorio húmedo de los departamentos de Bolívar, Sucre y Antioquia, bajaban resoplando los ríos Cauca y san Jorge, que se desbordan en caños y ciénagas. El apóstol Ordóñez Sampayo, que se ha gastado la vida defendiendo de la contaminación a campesinos, cosechas y animales, apareció en la plaza de Guaranda con el dictamen médico en la mano: los doctores certificaban que los tres niños que nacieron deformes tenían mercurio en el sistema sanguíneo.
El terrible mal de Minata, como lo saben los japoneses, porque las empresas en cualquier parte del mundo, en Tokio o en Majagual, arrojan porquerías químicas a las corrientes, y primero se pudren las aguas, y después nacen degenerados los peces y los camarones, y después nacen sin ojos los niños cuyas madres, en aquellos caseríos extraviados de la mano de Dios, consumen esa agua y esos pescados.
En las cabeceras de ambos ríos, las compañías mineras, que buscan oro entre la tierra, hacen sus excavaciones con un sancocho de mercurio y ácidos. Arroyos y acequias se llevan el mazacote. Los bocachicos mueren con la boca abierta en los playones. Las espigas de arroz no volvieron a crecer.
En medio del desastre causado por las inundaciones, y como si fuera poco, las yucas harinosas de antes florecen ahora con un hongo químico a manera de cresta. El hambre campea entre los pocos ranchos que no se ha llevado el invierno. Las emanaciones de las lagunas huelen a lo mismo que huele un laboratorio de detergentes.
Hay que decir, también, que los empresarios mineros se defienden diciendo que Ordóñez Sampayo está loco. Claro que está loco: ningún hombre cuerdo expone su pellejo ni dedica su vida entera a defender a un ruiseñor, una mojarra, un plátano pintón, una mazorca de maíz o a una mujer embarazada que carga un fenómeno en el vientre.
Epílogo
Aquella mañana, cuando los pescadores de Santa Marta regresaron a la playa, el periodista Caballero los acompañó en su tarea de descamar y abrirles el buche a los escasos pescados que traían.
-¿Qué es eso? -preguntó, intrigado, al ver unas bolas negras en el estómago de un bagre.
-Carbón, amigo -le contestó uno de ellos, levantando el animal-. Pelotas de carbón. Eso es lo que comen ahora.
Caballero tomó más fotografías y se las llevó a algunos funcionarios de la industria carbonera.
-No se preocupe -le contestó el gerente-. Vamos a construir un nuevo muelle de última generación.
-No lo dudo -dijo el reportero, con una mueca de dolor que parecía sonrisa-. No lo dudo: será la última generación.
El día que Caballero me contó esa historia, y me enseñó sus fotografías, ya no sentí ganas de echarme a llorar, como la vez aquella del langostino bañado en combustible. Lo que sentí ahora fue rabia. Cuando ya no quede una sola hoja de acacia, cuando el último pulpo haya muerto atragantado con ácido sulfúrico y cuando nuestros nietos nazcan con un tumor de carbón endurecido en la barriga, entonces será demasiado tarde. Dispondremos de computadores infrarrojos de última generación, pero ya no habrá agua para beber; los celulares de rayos láser se podrán comprar en las boticas, pero el sol no volverá a salir; los niños encontrarán el algoritmo de 28 a la quinta potencia con solo cerrar los ojos, pero dentro de 20 años no sabrán de qué color era una golondrina.
Los invito a todos a ponerse de pie antes de que se marchite el último pétalo. Usen el arma prodigiosa del Internet para protestar. Hagan oír su voz. Que el correo electrónico de los colombianos sirva para algo más que mandar chistes y felicitaciones de cumpleaños. Porque, si seguimos así, el día menos pensado no quedará nadie que cumpla años. Ni quién envíe felicitaciones.
These are the first proposals for MirsGir image, another environmental organization recuperators Antioquia.
1. Logo inspired by the management of M with the heart of green to evoke the colors of the green wave. At the heart of MIRS hint the M and G for GIR. Serif typeface that reflects a classic style and serious. 2. Made in a box to indicate that we are embraced by the company and we all compete ecological work. 3. (My favorite) two shades of gray in the logo of the company with a bottom line curve shows the surface of the earth. The four-leaf Laurel fucking denote the four cardinal in which the company works, trying to cover the entire spectrum of cities. 4. (My second favorite) The symbol consists of a G M and a heart-shaped compound in two shades of green denoting that our heart is green and we care for our planet and love. Serif fonts are used and in capital letters because it is an acronym.
Estas son las primeras propuestas de imagen para MirsGir, otra organización de recuperadores ambientales en Antioquia.
1. Logo inspirado en el manejo de la M con el corazón de color verde para evocar los colores de la onda ecológica. En el corazón esbozamos la M de MIRS y la G de GIR. Tipografía serifa que denota un estilo clásico y serio.
2. Elaborado en un recuadro para indicar que estamos abrazados por la empresa ya que a todos nos compete el trabajo ecológico.
3. (Mi favorito) En dos tonalidades de gris el logotipo de la empresa con una línea inferior curva que nos indica la superficie de la tierra. Las cuatro hojas de Laurel denotan los 4 putos cardinales en los cuales trabaja la empresa, tratando de cubrir todo el espectro de las ciudades.
4. (Mi segundo favorito) El símbolo formado por una M y una G compuestas en forma de corazón en dos tonalidades de verde denotan que nuestro corazón es verde y debemos cuidar nuestro planeta y amarlo. Las tipografías utilizadas son serifas y en mayúscula sostenida por tratarse de una sigla.